Say hello to Black Jack Septiembre 20, 2010
Posted by Etrigan in : Cómics míticos , trackback
Say Hello to Black Jack es un manga del que, desde sus inicios, soy un ferviente seguidor. Syuho Sato, autor de este cómic, ha homenajeado con el título al dios del manga Osamu Tezuka, ya que una de sus obras más conocidas se titula precisamente Black Jack, siendo su temática coincidente al estar protagonizadas ambas por médicos.
En sus páginas se hace una crítica feroz al sistema sanitario japonés (que ha ocasionado debates parlamentarios y hasta cambios en la Sanidad japonesa) y también se reflexiona sobre temas tan próximos a nosotros como el cáncer o las enfermedades mentales. Sato se centra en un sistema de Sanidad jerarquizado y poco abierto hacia los avances médicos occidentales, de tal manera que cada médico ha de seguir las directrices marcadas por sus superiores, de una manera fría, distante, sin que deba implicarse emocionalmente con la situación del paciente. El trato deshumanizado y burocratizado provoca en Saito, el protagonista, una rebeldía ante ese sistema viciado y necesitado de una mayor sensibilidad hacia los problemas humanos y sociales de los enfermos.
Saito, que acaba de finalizar sus estudios de Medicina, deberá de pasar por los diferentes departamentos del Hospital Universitario Eiroku. En ese recorrido, irá conociendo a diferentes médicos, que se enfrentan a los problemas de su profesión de distinta manera, con la frustración provocada por el encorsetamiento al que les somete el sistema sanitario en el que trabajan. De esta manera el cómic se estructura en arcos argumentales que desarrollan la estancia de Saito en cada departamento. De todos ellos, me centraré en los dos últimos, que son los que más me han impresionado.
En el arco argumental titulado Unidad de Oncología, el autor nos muestra lo que es el cáncer y los trágicos efectos que tiene en una familia cuando afecta a uno de sus miembros, sobre todo, cuando la enfermedad es incurable. El dramatismo y la tragedia de esta terrible enfermedad es tratado desde diversos ángulos: la posición ética de los médicos, el drama ante la inminencia de la muerte o la tristeza de la pérdida del ser querido. Enfrentarse a una enfermedad mortal da lugar a conflictos, tanto por parte de los médicos como de la familia del paciente. La dificultad de aplicar un tratamiento que no es sanador, pero que puede alargar la vida del paciente, y que además, no está permitido en Japón, generará un enfrentamiento enconado entre Saito y la cúpula del hospital. Por otro lado, la familia afectada por el cáncer incurable tiene que resignarse a aceptar lo inevitable, y es precisamente en ese proceso, donde se desarrollan las páginas más emocionantes, con un dibujo que sabe resaltar el dramático diálogo entre la vida y la muerte.
En los tomos 9 al 13 se desarrolla el siguiente arco argumental titulado Unidad de Psiquiatría. En esta ocasión la denuncia se centra en los medios de comunicación y el tratamiento simplista que hacen de la locura, en el que se busca el sensacionalismo, en lugar de hacer un tratamiento serio y riguroso de las enfermedades mentales como problema social y humano. Así, se nos transmite no sólo la repercusión social que tienen las enfermedades psiquiátricas, sino también el tabú que hay en nuestra sociedad en cuanto a este tipo de enfermedad e incluso el papel que juegan los medios de comunicación discriminando a estos pacientes por el mero hecho de padecer trastornos mentales.
En este sentido, escalofriante resulta la siguiente reflexión que realiza uno de los personajes:
“Hasta hace sólo 8 años, en Japón se aceptaba la esterilización forzada de enfermos mentales bajo el amparo de la Ley de protección de la eugenesia. Hubo otros países que practicaron la esterilización forzada; Suiza, Australia, Bélgica, El Reino Unido, Francia, Suecia, Noruega, China, La India… ¿Cree usted que es correcto lo que hicieron esos países?”.
Una de las cosas que más me gusta de este manga es que los diferentes problemas que aborda los trata desde diversos puntos de vista, y siempre incidiendo en la parte humana, en los sentimientos de los protagonistas. Resulta conmovedora la relación amorosa, magistralmente descrita por Sato, entre dos enfermos sometidos a tratamiento psiquiátrico. Este no es un cómic complaciente, no se busca el mero entretenimiento, sino que lo que pretende es que pensemos y seamos conscientes de problemas que parecerían ajenos a nuestra vida cotidiana, pero que están ahí, en la calle y que afectan a una importante capa de la población.
Y todo ello narrado con ese estilo gráfico clásico del manga japonés en el que prima el detallismo del dibujo y el ritmo cinematográfico. Los momentos más dramáticos están plasmados con cierta exageración que busca remarcar con fuerza la importancia de dichos episodios. El estilo es realista siendo totalmente acorde con la historia que nos cuenta.
Finalmente quisiera destacar la búsqueda que realiza el joven médico protagonista de actuar conforme a una ética en la medicina que desgraciadamente pocos profesionales de esta actividad conservan, quizá porque muchos de ellos han perdido los sueños de juventud que les llevaron a estudiar esa disciplina. Así, Saito persigue el sueño de ser un buen médico que ayude a sus pacientes, que ve en el enfermo a un ser humano, y todo ello desde la cercanía, desde el trato humano, y no subido en el pedestal desde el que se asoma la clase médica. Su vocación le absorbe de tal manera que toda su vida está centrada en el ejercicio de la Medicina, desatendiendo a su vida familiar y personal. Ese es el drama personal de este médico que antepone los problemas de sus pacientes a los suyos propios.
La lectura de este manga deja abiertas una serie de cuestiones éticas que debería de plantearse todo médico: ¿La dedicación en cuerpo y alma a la Medicina es algo más que el ejercicio de una profesión?¿La Medicina ha de ser puramente vocacional?¿Debemos exigir a los médicos un compromiso social y humano con el enfermo?¿Se es mejor médico desde la distancia fría y meramente profesional? Son temas complejos a los que es muy difícil darles una respuesta, pero ante los que Syuho Sato se posiciona exigiendo de los profesionales de la Medicina un mayor sensibilidad, un humanismo que quizá se ha perdido con los actuales avances tecnológicos y con el endiosamiento de ciertos médicos que se ven como depositarios de los conocimientos casi místicos de una ciencia que sólo ellos dominan.


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