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Adicto a la vida Enero 24, 2012

Posted by Etrigan in : Cómic , trackback

John Constantine ha muerto (o eso creen todos) y lo primero que hace es volver a sus orígenes, a Liverpool:

“Se supone que los pájaros de piedra de Liver echarán a volar si una virgen o un tipo honesto pasa a su lado. Todavía siguen ahí”.

Un Constantine crepuscular, con barba de varios días visita a su hermana que vive en un edificio en el que todo huele a magia negra, a dolor, a maldad.

Estos dos episodios (Hellblazer 175 y 176) inician la etapa de Mike Carey en Hellblazer. En este arco, Steve Dillon se hace cargo de los lápices haciendo gala de ese estilo realista y de primeros planos tan característico suyo. Carey es un escritor que no termina de convencerme, pero estos dos números tienen algo de misterioso y decadente que consiguen enganchar al lector recordando momentos álgidos de la serie. La señora Wren y sus sádicos hijos constituyen todo un ejemplo de monstruos a los que Constantine ha de enfrentarse en su condición de mago detective que ayuda a los suyos. En realidad este arco sirve de prólogo a la saga posterior titulada El sepulcro rojo, en la que Constantine vuelve a Londres para rescatar a su sobrina, pero eso es otra historia…

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